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viernes, 2 de noviembre de 2012

La palma real y la mariposa: dos símbolos de cubanía en la flora de Cuba

Jardín Botánico Nacional, Universidad de La Habana. Cuba.

Muchos países del mundo han asumido a los árboles y las flores como símbolos patrios propios, asociándolos con la cultura, la religión o la historia y están representados en la bandera y en el escudo nacional de los mismos. Muchas plantas han sido declaradas por decreto oficial como Árbol Nacional o Flor Nacional dentro de los emblemas nacionales de una nación.




En la Constitución de la República de Cuba de 1976 (Capítulo I, artículo 4), se señala que “los símbolos nacionales han presidido por más de cien años las luchas cubanas por la independencia, por los derechos del pueblo y por el progreso social: la bandera de la estrella solitaria, el himno de Bayamo y el escudo de la palma real”.>

El Consejo de Ministros de la República de Cuba aprobó el 13 de abril de 1988 el decreto No. 143 que establece el Reglamento de la Ley de los Símbolos Nacionales y anteriormente en diciembre de 1983, la Asamblea Nacional del Poder Popular había aprobado ya la Ley 42 sobre los Símbolos Nacionales, publicada en la Gaceta Oficial de la República de Cuba el 27 de diciembre de 1983 (Pereda
& al. 1992). En este documento se definen los atributos que identifican a los símbolos nacionales y se establecen las disposiciones para su uso y conservación.

Aún sin tener la connotación oficial que presentan los símbolos nacionales anteriormente citados, existen otros elementos que por sus características propias constituyen atributos de cubanía y que están relacionados con la fauna y la flora cubanas. Estos son el Ave Nacional de Cuba, el tocororo (Priotellus temnurus Temmick), el Árbol Nacional de Cuba, la palma real (Roystonea regia O.F. Cook) y la Flor Nacional de Cuba, la mariposa (Hedychium coronarium J. König).

La palma real, Árbol Nacional de Cuba.
Hace más de 500 años, desde que Cristóbal Colón pisara tierra cubana y admirara por sí mismo la belleza y majestuosidad de las palmas, rasgo sobresaliente del paisaje campestre cubano, no hay dudas que se había encontrado con el más bello símbolo de cubanía de nuestra flora nacional.

La palma real, cuyo nombre científico original era Oreodoxa regia Kunth, que en latín significa “real gloria de la montaña” fue descrita a principios del siglo XIX

(Núñez 1986), por el botánico alemán Carl S. Kunth (1788-
1850) (Stafleu & Cowan 1979). Un siglo después, el botánico norteamericano Orator Fuller Cook incluye la palma real en un nuevo género de palma para la ciencia, Roystonea, dedicado a Roy Stone, amigo personal de Cook y General del Cuerpo de Ingenieros de los EE.UU. (Núñez 1986).

En Cuba se conocen alrededor de 81 especies y 14 géneros de palmas representadas en varios ecosistemas de la isla; el género Roystonea se compone de 10 especies muy afines entre sí distribuídas en Cuba, la Florida (sur de EE.UU.), La Española, Puerto Rico, Jamaica, Antillas Menores, América Central (Nicaragua, Honduras y Yucatán en México) y norte de America del sur. Cuatro especies de Roystonea se encuentran únicamente en el este de Cuba, Guantánamo. Roystonea regia, nuestra palma real, (Fig. 1) está ampliamente distribuída y es abundante por todo el país (Leiva 1999, 2006).

La palma real ha sido utilizada ampliamente por el hombre en diversos usos de incalculable valor, y es quizás una de las palmas cubanas que más beneficios ha aportado a la vida del campesino cubano. No hay parte de la misma que no se utilice: el tronco y las hojas o pencas son elementos utilitarios en las construcciones rurales, en especial el bohío, vivienda típica del campesino cubano; los frutos (el palmiche) son empleados por los campesinos para alimentar a los cerdos. A esto hay que añadir además el valor de esta planta como

González García, C.: La palma real y la mariposa: Dos símbolos de cubanía en la flora de Cuba





melífera, gracias a sus mieles de excelente calidad. Su porte y esbeltez le confieren a la palma real un apreciado valor ornamental, cultivándose también en otras partes del mundo.

Debido a la gran variedad de aplicaciones de la palma real, la misma estuvo amenazada por su exterminio gradual (Clement & al. s.a.), pero afortunadamente un Decreto gubernamental dictado en 1923 (Fernández & al. 1999), protegió a la palma real de desaparecer. Más recientemente en diciembre de 1999 quedó explícitamente protegida la palma real, nuestro Árbol Nacional, al entrar en vigor el decreto No. 268 acerca de las Contravenciones de las Regulaciones Forestales, aprobado por el Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros y que dentro de la Ley no. 85, Ley Forestal, aprobada por la Asamblea Nacional del Poder Popular el 21 de julio de 1998, la palma real integra el patrimonio forestal y su fomento y conservación goza de especial atención (Servicio Estatal Forestal 1999).

Representante por derecho propio del paisaje cubano, la palma real está presente así mismo en el escudo nacional, creado por el General de nuestras Guerras de Independencia Narciso López y el poeta cubano Miguel Teurbe Tolón (Núñez
1982) a mediados del siglo XIX. Escoltada por dos elevaciones montañosas se yergue la palma real en nuestro escudo nacional, como árbol simbólico de Cuba, pues representa la victoria (Castellanos 1951). Es la planta que representa la cubanía y ha sido fuente inspiradora para poetas, pintores y músicos cubanos que utilizan la palma real en sus obras, para resaltar lo genuino de nuestra identidad nacional.

Nuestro Apóstol José Martí siempre asoció a Cuba con las palmas, lo que está presente en su obra y elige a la palma como elemento de identidad ante el mundo, al quedar plasmado en uno de sus Versos Sencillos:

Yo soy un hombre sincero De donde crece la palma Y antes de morirme quiero
Echar mis versos del alma.

Como tributo a Martí y a su amor por la Naturaleza, son las
28 palmas reales sembradas en la manzana que ocupa el Parque Central (municipio Habana Vieja) en la capital cubana, donde se encuentra la estatua de nuestro Héroe Nacional y que recuerda cada 28 de enero la fecha de su natalicio.

La mariposa, Flor Nacional de Cuba.
Hace más de 70 años, exactamente el 13 de octubre de
1936, quedó declarada la mariposa como la Flor Nacional de Cuba (Pereda & al. 1992).



La mariposa cuyo nombre científico es Hedychium coronarium König fue descrita hacia finales del siglo XVIII por el médico y farmacéutico alemán Johann G. König (1728-1785), que desde 1767 visitó diferentes países

asiáticos en función de misionero y colector de plantas
(Stafleu & Cowan 1979).

Hedychium J. König proviene del griego “hedys”, agradable, fragante y “chion”, nieve, refiriéndose a las flores blancas y fragantes que presenta la especie H. coronarium (Everett
1964; Combes 1999).

El nombre de mariposa se debe a que sus flores recuerdan por su forma a la de este lepidóptero, además de conocerse también como “caña de ámbar” (Pereda & al. 1992) en otros países.

En el mundo, el género Hedychium se compone de unas
50 especies (Judd & al. 1999), distribuídas por el continente asiático y muchas de ellas se encuentran naturalizadas en otras regiones. La mariposa pertenece a la familia Zingiberaceae en la que también se incluyen importantes plantas de valor económico como el jengibre (Zingiber officinale Roscoe) y la cúrcuma (Curcuma longa L.), así como otras plantas ornamentales.

En Cuba, la familia Zingiberaceae está representada por
6 géneros (León 1946), donde la mariposa, de origen asiático, encontró todas las condiciones favorables de clima, humedad y suelo para su excelente adaptación y naturalización, creciendo espontáneamente en todo el país. Pichardo (1862) denota la existencia de la mariposa en Cuba desde entonces al citarla en su Diccionario Provincial de Voces Cubanas.

Por sus aromáticas y ornamentales flores blancas, la mariposa ha sido cultivada en jardines y patios de nuestro país, además de emplearse en la preparación de ramos y adornos florales. Al valor ornamental de esta planta se le añade la utilización de sus aceites esenciales en la industria del perfume.

La elección de la mariposa como Flor Nacional de Cuba se remonta a los años de la primera mitad del siglo XX. En
1936, el gobierno de la República Argentina cursó una invitación a los diferentes países del continente americano para que presentaran su flor emblemática nacional, a fín de colocarlas en el Jardín de la Paz (Mar del Plata) el cual se dedicaría al cultivo de las flores representativas de cada uno de esos países. Como hasta ese momento Cuba no tenía su Flor Nacional fue necesario crear una comisión que estudiara y determinara cual flor nos iba a representar en dicho Jardín. Dicha comisión estuvo integrada por importantes naturalistas y estudiosos de la Botánica en Cuba, entre los que podemos mencionar al sabio cubano Juan Tomás Roig (Centro Cubano de España 2004) y al religioso francés Joseph Silvestre Sauget (Hermano León) (García & al. 1980), quien desde su llegada a Cuba en 1905 y durante 50 años hasta su fallecimiento fue el naturalista y botánico que más aportes brindó al estudio de la flora cubana.
La Comisión analizó y discutió las características de diversas flores tales como el jacinto de agua, el galán de noche, el lirio de San Juan y la mariposa, eligiendo esta última para representarnos en el parque argentino.

Para seleccionar a la mariposa como Flor Nacional de Cuba se tomaron en cuenta las diferentes estructuras que forman parte de esta flor, asociándolas con nuestros símbolos nacionales, el escudo y la bandera, conformando la propuesta definitiva. Es así que las flores naciendo juntas en la misma espiga recuerdan como los haces de leña de nuestro escudo nacional, pues en la unión está la fuerza; su corola blanca, símbolo de la paz, presentes también en las dos franjas blancas de nuestra bandera; sus pétalos son tres, como las franjas azules de nuestra enseña nacional, que representan los tres departamentos en que antiguamente se dividía Cuba (Oriente, Centro y Occidente); su androceo (o parte masculina) al alojar al gineceo o parte femenina en el canal del filamento, recuerda la delicadeza y la cortesía que siempre ha sabido poner el cubano en su trato con los seres más débiles y en especial con la mujer (Castellanos 1951).

Así quedó aprobada la mariposa como nuestra Flor Nacional (Fig.2) representando a Cuba por primera vez en el Jardín de la Paz, inaugurado en La Plata, Argentina, el
19 de noviembre de 1936.

Al igual que la palma real, la flor de la mariposa ha sido inspiración en la obra creadora de nuestros artistas en diferentes manifestaciones artísticas. Se dice de la popularidad de la mariposa entre los cubanos, que la misma llegó a estar presente en las guerras de independencia cubanas en el siglo XIX contra España, cuando las mujeres cubanas colocaban flores de mariposas en sus cabellos o en sus vestidos, señal así de que llevaban algún mensaje de las tropas mambisas. Esto reafirma el atributo de cubanía de esta flor.

Sin lugar a dudas, la palma real y la mariposa representan lo auténtico de nuestra identidad nacional, además de constituir joyas de la flora de Cuba.

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